Con Diálogo, otra sociedad es posible
 





La presente reflexión es una propuesta colectiva que sirve de base para la temática y las actividades centrales que quisiéramos


Como en otras ocasiones, aun cuando algunos de nosotros suscribimos el presente texto y hemos sido responsables de su redacción, el documento es la expresión de muchas conversaciones que hemos ido desarrollando juntos y que tiene como resultado un conjunto de ideas que comienzan a desarrollarse hace varios años y que rescatan una y otra vez la centralidad de lo nuevo como punto de partida, de nuestra convicción,  que es posible otro Chile.

En el presente documento, queremos fundamentar dos ideas claves: Primero que el sujeto de nuestra acción este año es “la nueva sociedad” que requiere Chile; y que el predicado es la invitación a dialogar. Entonces y centralmente, decimos que en esta etapa de su desarrollo, Chile necesita más diálogo, no más competencia,  y que el modo de dialogar será el camino para la construcción del futuro que queramos construir.

Vamos por partes y nos permitimos invitar - a quienes nos leen y nos escuchan, y a todos quienes se puedan sentir convocados para construir otro Chile- a compartir nuestra reflexión inicial que se quiere transformar en invitación para sumarlos a otras conversaciones que han de venir.

¿Sobre qué ámbitos o dimensiones debiese articularse la convocatoria de Posible Otro Chile para el 2014?

Los desafíos que actualmente tenemos como país, son enormes y en ellos está el contenido de lo viejo que debe ser transformado, apreciativamente, en punto de partida de una nueva realidad.

Algunas de las cuestiones que nos han preocupado y que se visualizan como desafíos de país son:

  1. La superación y erradicación de la pobreza; sin ello Chile nunca podrá ser un país inclusivo y desarrollado;
  2. La construcción de nuevos liderazgos, capaces de conducir efectivamente la construcción de un nuevo Chile: con justicia social, ciudadanía y una verdadera inclusión;
  3. La re-construcción del tejido social (nuevas relaciones, nuevas redes, nuevos espacios, nuevas ciudades), destruido en tantos años de individualismo y desapego de los vínculos;
  4. La revitalización de lo nuevo, que emerge como alternativa a lo viejo y como fuerza vital para tantos desesperanzados y estresados ciudadanos;
  5. La transformación del carácter social y la identidad colectiva que nos ha llevado a dejar la alegría como fuente de todo lo nuevo;
  6. Las fuerzas de vida, que nos invitan a mirar adelante, a hacernos cargo de la injusticia y a anunciar la buena noticia de la que hemos sido testigos en conversaciones, encuentros, cátedras, proyectos y simposio

Desde nuestra propia reflexión y desde la múltiples voces que emergen desde las aulas, los barrios, las organizaciones, se comienza a evidenciar como pilares fundamentales la necesidad de concordar acciones significativas que permitan visualizar la emergencia de una nueva sociedad, un nuevo pueblo, que comienza a construir otro futuro para Chile.

Así como la respuesta de las personas con capacidades diferentes que se han sentido convocados y forman parte de la nueva ciudad que surge; los pueblos originarios, orgullosos de sus tradiciones, se siente parte del nuevo Chile; el aprendizaje de los adultos que se maravillan de lo que descubren de sí mismos y de los demás; los animadores y líderes poblacionales que emergen como nuevos líderes; queremos también llegar a los viejos, para que se sientan parte y vuelvan a esperar de la vida y de la sociedad; a los académicos, para que entren en sintonía con sus estudiantes; a los expertos para que  abandonen sus certezas y dan paso a las preguntas; a las autoridades, para que se dispongan a escuchar y a responder al grito de la calle; a los empresarios y trabajadores, para que comiencen a conversar de nuevas maneras y  a  todos y todas, para construir una sociedad diferente.

Pero ¿qué necesitamos para todo esto?

Comenzamos por rescatar las palabras de Peter Senge, al referirse a su definición favorita de liderazgo: “Theability of human community to shape its future”, es decir, “la capacidad de la comunidad humana de darle forma a su futuro”.

Anhelamos una sociedad nueva, capaz de contener y expresar, lo que cada uno de nosotros quiere que esta sea. Este es el desafío central. Y ello, en la perspectiva de este autor, sólo es posible si entendemos que la construcción del futuro, comienza en la construcción de una visión, y si esta visión es compartida.

El liderazgo requerido, no es atributo de una persona, o de un grupo pequeño de dirigentes (sean estos ejecutivos, políticos, actores sociales o ilustres ciudadanos). Construir, darle forma, al futuro –en el modo como se pueda hablar de otro Chile Posible-, sólo será viable con una acción social compartida.

Comenzar por responder a las preguntas:

-¿Cuál es el futuro que quiero vivir?

-¿Qué es importante para mí? y

 -¿Qué estoy dispuesto a hacer para lograrlo?...

 Son cuestiones claves. Sin embargo, poner en diálogo lo que queremos, es el proceso social que se constituye en la acción gatilladora de la nueva sociedad.

Proponemos una conversación nueva sobre el tipo de sociedad que queremos. Reconocemos la coexistencia de discursos, incluso antagónicos o incompatibles. Sin embargo,  queremos poner a disposición de Chile y los chilenos, metodologías y prácticas dialógicas que permitan la construcción del futuro que anunciamos.

Vivimos tiempos en que las diferencias y las perspectivas, comienzan a destacar por lo que nos separa. Y esto ocurre no sólo entre diferentes grupos o subculturas, sino al interior de cada una. La complejidad, la heteroglosia, la diversidad, la diferencia hoy son la norma, no la excepción.

Son, al menos, dos almas que emergen y coexisten en nuestra sociedad.Cierta elite, por ejemplo, está convencida del modelo y fascinada de los beneficios de éste; otra parte de esta misma elite, que incluso ha “lechado” del mismo modelo, está con hastío y busca escapar, huir de este. Ciertos grupos, están por la vía institucional para los cambios y otros,  quieren la insurrección. Algunos están por acentuar la diferencia y buscar grupos que nos autorrefieran y nos den más exclusividad. Otros, por el contrario, anhelan y trabajan por la inclusión…

Planteamos, a partir del reconocimiento de esta alma dividida en la sociedad, una nueva conversación para darle forma al futuro. Una conversación que nos desenajene y que nos importe. Una conversación que nos comprometa y que nos lleve a ir más allá.

Estamos convencidos que Chile debe dejar el paradigma de la competitividad y transitar, decididamente,  hacia el paradigma del diálogo y la conversación. Se trata de buscar una solución o modelo social, abandonando la supremacía del modelo o las soluciones derivadas del paradigma económico.

En la etapa del desarrollo que viene, Chile necesita más diálogo, no más competencia. Más colaboración, no más individualismo; más convivencia, no más aislamiento. Sostenemos que la norma de la vida social, no puede transformarse en el modelo económico.

Queremos anunciar que el diálogo:

  • Es el factor de desarrollo;
  • Es pilar de la democracia y clave para la inclusión; y
  • Que es motor de lo nuevo y, por cierto, fuente inagotable y permanente de alegría.

El diálogo sobre el país que queremos, rescata el valor del otro y la otredad, en la construcción de un nuevo Chile. Se trata de una conversación de aspectos centrales de nuestra vida social, pero de conversaciones –como las llama Anderson- de “posibilidad”.

“Algunas conversaciones aumentan las posibilidades; otras las disminuyen. Cuando las posibilidades aumentan, tenemos la sensación de acción creadora, una sensación de que podemos encarar lo que nos preocupa o perturba –nuestros dilemas, problemas, dolores y frustraciones. Y lograr lo que queremos – nuestras ambiciones, esperanzas, intenciones y acciones” (Anderson. H., 2012, p. 21).

Para que esto sea posible, proponemos una conversación que ayude a que la gente de nuestro país, tenga el coraje y la capacidad de moverse entre las cosas y los sucesos del mundo, de tener perspectivas claras, de generar acciones conjuntas. Aquello que nos permitirá esto es un tipo especial de conversación –un diálogo dialógico- y nuestra capacidad para crear estos  espacios dialógicos y facilitar procesos conversacionales…

Sabemos que dialogar así, exige proponer un proceso formativo, pero estamos seguros que no hay verdadero aprendizaje sin diálogo, de allí que el aspecto formativo – político y social serán dimensiones claves de lo que queremos proponer este año.







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