Editorial

¡Adelante! Que todo está por hacer y todo es posible

Como hemos escuchado tantas veces nos encontramos en un cambio de época o mejor dicho, de transición entre dos épocas; por eso se constatan discontinuidades significativas entre lo que hacíamos y vivíamos y lo que estamos haciendo y comenzando a vivir. Sin embargo, todavía no se vislumbran con claridad los escenarios de futuro.

En ese cuadro se sitúan todas las transformaciones que están aconteciendo en la coyuntura actual; transformaciones sociales, políticas, económicas, culturales, ecológicas y religiosas. Hay una real ruptura de los consensos existentes, una autentica pérdida de derechos sociales y laborales, y una acentuación del proceso de polarización social. Todo ello está haciendo que aumente el malestar sociopolítico y que estemos asistiendo a un nuevo ciclo de protestas nacidas de un alto nivel de "indignación" y por supuesto, no sólo a nivel país sino también a nivel global.

Se está dando también un resquebrajamiento de los pilares del estado de bienestar. No hay duda que vivimos en tiempos también "recios" de extendidas incertidumbres y de escasez de proyectos de amplio horizonte; en tiempos en que para uno, como creyente, "pareciera que se habría perdido el rastro de Dios" (VC 85)

Sin embargo, yo personalmente, al mirar el conjunto de la historia de la humanidad sería ésta, sin duda, la época que elegiría para vivir, si hubiera podido hacerlo; y éste, el lugar y el Continente en el que prefiero estar.

Cuando buscamos entender algunas las características de la coyuntura actual y las causas que subyacen dentro de este nuevo ciclo, es importante subrayar el papel que pueden tener los movimientos sociales en red, los cuales comparten formas de organización y movilización, más horizontales y colectivas, así como el contenido de una parte de sus reivindicaciones: democracia y justicia social son las verdaderas palancas de transformación sociopolítica y cultural. En medio de esta realidad y como una flagrante contradicción se da una auténtica promoción de los habitantes consumidores de la sociedad. En este contexto estamos urgidos de un texto que diseñe el dibujo -o mejor- el mosaico de esa sociedad. Por supuesto que no tenemos pretextos para no hacerlo. Por eso es que decimos: En Chile hoy, otra sociedad es posible.

Esta es, desde hace cinco años, la música que ha comenzado a oír con más fuerza la Fundación Posible, Frente a todo, para nosotros la alternativa es el diálogo y no la calle; la equidad y no la exclusión; la colaboración y no la imposición; la alegría y no un pesimismo ciego y un criticismo paralizante.

Por lo mismo, Posible, otro Chile, se ha querido convertir en este final de octubre 2014 en una muestra de espacio público dialogante. Quiere interaccionar la política con igualdad; que todos seamos ciudadanos y ciudadanas; la cultura con la libertad; y la economía con la fraternidad.

Libertad, igualdad y fraternidad nos evocan la revolución francesa de 1789 y sobre todo tres grandes aspiraciones del ser humano. Para que estas interacciones se den precisamos más diálogo y menos competencia, más inclusión y menos inequidad, más colaboración y menos imposición. Para todos es urgente evitar la pasividad; eso es fundamental. Hay que despertar y despertarse. De estas grandes afirmaciones ha nacido el programa de este simposio.

Una buena noticia. Este simposio es para ciudadanos y ciudadanas. El ciudadano que como dice Violeta Parra, está medio a medio en la raya. La ciudadanía tiene derechos y tiene deberes. Y un país está hecho no de subordinados y de jefes sino de ciudadanos y ciudadanas. Sabemos que para ello se precisa pensar, tener una educación habilitadora de una ciudadanía eficaz, decir la palabra que corresponde, interconectarse y servir al proyecto país.

• En primer lugar, es necesario y urgente construir contrapoderes al ámbito financiero. En un momento en el que la política y la cultura están claramente secuestradas por los intereses privados.

La sincronización de todas estas protestas y formas de concienciación y movilización social pueden ser cruciales en la configuración de un nuevo rumbo para la política, la economía y el conjunto de la sociedad. Eso queremos hacer y ofrecer. Se precisa repensar el trabajo y repartir el salario y el empleo, el sueldo mínimo y el reconocimiento a los trabajos invisibilizados.

• En segundo lugar, porque creemos que la crisis económica es el síntoma de una crisis mucho más profunda, queremos ir más allá del no al capitalismo.

Una crisis de civilización provocada por la lógica de acumulación capitalista en la que el conflicto, a diferencia de otros momentos históricos, no se expresa ya solo entre el capital y el trabajo asalariado, sino entre los procesos de acumulación del capital y los procesos de reproducción de la vida social entendidos de una forma amplia. Así, aspectos como la crisis de la representatividad y la "democracia de baja intensidad", el deterioro de las condiciones laborales; la mercantilización y los recortes en salud, educación y pensiones; los desahucios; o algunos conflictos ecológicos surgidos por la privatización y explotación de bienes comunes como el agua, las costas y los bosques, pueden ser vistos como expresiones palpables de estas dos lógicas contrapuestas.

Por otro lado, en medio del debate sobre la necesidad de que los movimientos sociales opten por vías pragmáticas (convertirse en partidos políticos, presentarse a elecciones, etc.), creemos que una profunda transformación social vendrá más desde la ciudadanía organizada y se deberá llegar a una sinergia entre los procesos de empoderamiento colectivo y la toma del poder institucional (sin minusvalorar la importancia que el marco institucional puede tener para abrir nuevos procesos de cambio). Dicho en otras palabras, las apuestas emancipadoras deben surgir sobre todo desde una ciudadanía que de forma colectiva lidere un cambio «desde abajo» y construya un contrapoder que cuestione, en lo cotidiano y en pequeñas prácticas, la hegemonía neoliberal imperante y la real "mercadocracia". Por otra parte, ya no se asume fácilmente una participación democrática que se reduzca a la mera participación electoral. No hay duda que cada vez es mayor la distancia entre gobernantes y electores y entre ciudadanía y partidos políticos. Urge dar el paso desde la democracia representativa hacia la democracia participativa. Para ello, hay que acertar a poner en el centro a la ciudadanía. Para conseguirlo no estamos llamando a partir desde cero. Chile tiene un pasado, un paso atrás que le permite dar el paso hacia adelante.

• En tercer lugar, está claro que apostamos por una alternativa. Podemos tenerla. Pero no parece que sea posible pensar una alternativa si no se tiene en cuenta tanto la gravedad de la crisis ecológica y su interrelación con lo económico, como las demandas de más democracia, mayor horizontalidad y más participación que vienen pedidas desde la sociedad civil.

Así pues, frente a los que proclaman que «no hay alternativa» al sistema capitalista actual, a la antidemocracia reinante y a la cultura desigual el simposio que hoy inauguramos tratará de recoger algunas de las propuestas que se manejan desde los movimientos sociales, la ampliará con el diálogo y las hará inclusivas por medio de una cultura más popular y masiva. Muchas de estas propuestas plantean un cambio profundo de paradigma, plantean la realidad de otra sociedad y la superación del modelo económico y productivo actual. La existencia y puesta en práctica de las mismas pone de relieve no solo que «otro mundo es necesario» sino, verdaderamente, que otro mundo es posible y ya está siendo realidad, por lo que es importante continuar ayudándolo a nacer. PoCH invita a creer, crear y crecer. Así al cambio de época se unirá al cambio de rumbo. "Ya no debemos decir que otro mundo es posible sino que otro mundo es seguro" (J. L. Sanpedro).

Resumen muy bien mi pensamiento y el del equipo que ha preparado este simposio las palabras de Papa Francisco: "El mundo no es posible sin conversaciones constructivas, la única manera que los pueblos avancen es con la cultura del encuentro, Una cultura en la que todo el mundo tiene algo bueno que aportar y todos pueden recibir algo bueno a cambio". Encuentro y diálogo, eso quiere ser este Simposio.

En el lenguaje de movimientos sociales y de algunos otros grupos el lenguaje que se está "institucionalizando" incluye tres verbos en plural en pasado, presente y futuro: dormíamos, despertamos, podemos. Son las acciones de fondo que queremos proponer y relanzar. Nos hará mucho bien para hacer rebrotar el alma de Chile.



 

 

 

 

P. Jose María Arnaiz
Pdte Directorio
Fundación Posible, otro Chile

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